La llegada de Pablo a Éfeso
Pablo llegó por primera vez a Éfeso alrededor del año 52 d.C., durante su segundo viaje misionero. Sin embargo, fue en su tercer viaje cuando pasó un tiempo significativo en la ciudad, permaneciendo aproximadamente tres años.
Éfeso, conocida por su imponente Templo de Artemisa y su papel como centro de culto pagano, presentaba un desafío considerable para la misión cristiana de Pablo. A pesar de esto, su estancia en la ciudad es considerada una de las más fructíferas de su ministerio.